
No fue conciente ni algo hablado. Tan sólo surgió de manera espontánea en un aquí y un ahora inesperado. Pero, leyendo entre líneas, hay mucho de correr un maratón en estar juntos. Al menos esa es nuestra experiencia. Al principio te querés comer el asfalto, y los primeros 20 km pasan rapidísimo, como la vida. Cuando quisimos acordarnos estábamos festejando el aniversario número 6, o 7, y quizás con alguna molestia muscular menor, pero entusiasmados y "disfrutando la vida". Después la carrera se complica, por factores muy diferentes: algunos tienen que ver con la falta de entrenamiento, o con alguna deficiencia o defecto personal, pero otros se vinculan con variables imponderables, no controlables, como el clima, o el relieve; y otros son objetivo-subjetivos, como el cansancio. Pero corrés. Sin pensar o con una estrategia. Y obviamente hay momentos en los que querés dejar todo, en los que pensás que no vas a llegar, que esa pelea no tiene vuelta atrás, o que quizás no somos el uno para el otro. Pero hay un objetivo más allá de "esta" interjección espacio-temporal, un más allá de todo presente, configurado por la memoria de todos esos momentos que mastercard no puede comprar; por la espera de todo aquello que está por pasar, que queremos hacer juntos; por la reacción química que vivimos cada uno en presencia del otro. Y corrés hasta lo impensado. Después del km 33 el cuerpo no nos servía para nada, estábamos en un pequeño infierno (quién no tuvo su momento de pequeño infierno!), pero la cabeza nos pedía a gritos entereza, fuerza, compromiso: "Tomate la vida en serio!" nos decía. Y entónces disfrutás de la emoción, del nerviosismo de no saber si llegás, pero eso en realidad ya no importa. Porque lo que importa es que vas a vivir la vida a fondo, que te vas a dejar todo en la cancha y que no hay planB. Es un salto al vacío, sin garantías, como casarse, ¿no? Y ahí aparecen nuestros últimos 600 m, antes de convertirnos en una leyenda en nuestra propia mente. Nos agarramos de la mano y corrimos como nunca en toda la carrera, como si recién arrancáramos, buscando la experiencia de lo sublime, riéndonos porque todas las sensaciones y emociones vividas en los últimos 42 km constituyeron la adjetivación de ese momento último. Un amigo me dijo una vez que la eternidad es vertical, y esos momentos de eternidad, efímeros como todo, son un para siempre. ¡Ojalá nos hubieran visto! Hasta salimos en el diario.
Vernos correr 42km puede ser aburrido para el espectador, por más cariño que nos tenga. Pero el 21 de febrero se corren los últimos 600m de una de nuestras carreras más importante, y empieza otra... y vale la pena que vengan a ver qué onda! Aparte después viene el festejo, a todo rock n roll!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Vernos correr 42km puede ser aburrido para el espectador, por más cariño que nos tenga. Pero el 21 de febrero se corren los últimos 600m de una de nuestras carreras más importante, y empieza otra... y vale la pena que vengan a ver qué onda! Aparte después viene el festejo, a todo rock n roll!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!